miércoles, marzo 18, 2015
Érase una vez
lunes, mayo 28, 2012
miércoles, mayo 09, 2012
Again!
sábado, agosto 07, 2010
A oscuras...
Perder la visión de repente, provoca una ansiedad y un desespero inexplicable, la oscuridad es desconcertante, es totalmente negro, no hay matices de colores. Se convierte en un enigma saber qué hacen los que te rodean, el vértigo hace de las suyas; sientes que tus pies se hunden y la tierra te va tragar. Las manos tiemblan y el bastón también. Las manos sudan, y el bastón también. “Si tan solo supiera por dónde camino”.
Otros sentidos se despiertan. Algunas voces, con cierto temor me decían: “camina derecho”, “sigue por allí”, pero nunca supe cómo era derecho, ni dónde era allí, tampoco supe dónde estaba, ni adónde iba, ni mucho menos cómo llegaba. Pensé quitarme las vendas una y otra vez, pero algo dentro de mí, decía: “no te rindas, aún no”. Seguí por esas aceras tan rústicas, duras, interminables y difíciles de andar.
No es nada fácil desplazarse por esas calles hechas para un mundo de videntes, sin opción para otras personas, simplemente las condiciones no existen porque vivimos en un mundo egoísta donde los gobernantes no ven más allá de sus narices, bolsillos y estómagos. Tropecé con pilas de basura, aceras rotas, huecos y alcantarillas. Pero lo más duro, fue estrellarme con una ciudad llena de humanos insensibles para quienes es más fácil criticar, alejarse, hacerse el desentendido, a tener que dar la mano y guiar a alguien que lo necesita.
Me tropecé con policías que iban y venían en sus motos y pasaban por mi lado sin articular sonido alguno, sin querer, toqué a varias personas en sus brazos, en sus manos y en sus rostros, y se quedaban inertes, impávidas, como si fueran esfinges. Sentía por sus perfumes cuando algunos se apartaban de mí y con ello percibía también el olor de su indiferencia.
Sin embargo, a mitad de camino, hubo un señor a quien imagino mayor de edad, dueño de una voz muy noble, pausada, con respiración cansada, que me decía: “vas muy bien, sigue por allí”, y aún después de un largo trecho seguía conduciéndome con tanta paciencia y fidelidad. Mi olfato me revelaba que llevaba una bolsa de pan recién horneado. Un rato después, sentí el tráfico muy pesado porque las cornetas de los carros me ensordecían; estaba en plena calle y de pronto una señora llena de entusiasmo me dijo: “déjame que te cruce”. Me dio la mano, me apretó muy fuerte, sentí cariño, yo le sonreí y me salió de muy adentro decirle: “gracias, Dios la bendice”.
Y aunque el insignificante tiempo que viví en la oscuridad no se acerca a la inmensidad de las historias que pueden contar aquellos que no miran con sus ojos, me quedó algo muy claro: las personas que no ven, definitivamente son héroes que le han ganado una batalla al miedo, para descubrir y celebrar lo más hermoso de la vida porque cerrando los ojos vemos mucho más allá.
Dedicado a Celeste Fajardo, a el Caidva.
“Lo esencial es invisible a los ojos”
Antoine de Saint-Exupéry. El Principito.
domingo, octubre 18, 2009
La montaña rusa...

¿No te ha pasado que cuando crees que tienes el inventario en orden, “algo o alguien” pasa y se te voltea todo?
Eso me ha pasado. Y últimamente más, quisiera encontrar la manera de aprender a leer entrelíneas qué me quiere decir la vida, el destino, el más allá o el más acá. Mucho tiempo he vivido como autómata sin darme cuenta de que todo, lo que me rodea y lo que no me rodea, tiene un significado. Pero ahora me siento como medio compulsivo, observando muy bien hasta lo más mínimo. He estado buscando la forma de morir a mis egoísmos y autosuficiencias, de bajar mis ruidos internos para lograr entender de qué se trata todo esto. Pero hasta ahora lo que mejor he comprendido es que nada de lo que ocurre es un error, todo pasa porque así está contemplado en el libro de cada uno de nosotros y que sólo nos queda aceptar y aprender, una y otra vez.
En estos días, se apareció un ángel de esos que Dios pone en nuestro camino y se atrevió a comparar la vida con una "montaña rusa". yo quise descifrar esta comparación y tengo días en este rollo. Ayer empecé a recordar cuando mi adorable papá me montaba ajuro en ese artilugio oxidado y giratorio que odiaba porque siempre me subía después de haberme jartado dos cotufas, un algodón de azúcar y una frescolita mamarra (léase la más grande), y ante tal agite constante - justo antes de terminar el recorrido - siempre bañaba con mis líquidos estomacales al pobre vecinito de adelante que gritaba feliz "yupiiiiii", hasta que yo lo mojaba sin misericordia - ahora, hablando como los locos - creo que a mi padre eso le daba placer porque siempre me hacía lo mismo, y al final yo quedaba pálido y viendo pa' dentro como por media hora, debe ser que a juicio de mi progenitor yo necesitaba una buena dosis de adrenalina y vergüenza. Después de tan desagradable recuerdo infantil, concluyo la reflexión: “Subes bien alto, gritas como un eufórico, bajas sin freno, te da vértigo y sientes un vacío en el estómago, te pones de cabeza, ves todo al revés, y de pronto, en el turno que vas más despacio te sorprende una velocidad extrema, hasta que te detienes y simplemente respiras y te bajas”.
Y es allí cuando tocas el piso; tu verdad, tu cruda o “cocida” realidad, esa misma, la que te toca. A veces quieres que la montaña siempre esté alta y dando vueltas, pero llega el momento en que te cansas de tanto girar, otra veces ocurre lo contrario, vas tan suave que te duermes y quieres más…
En estos días, he tenido pensamientos y sentimientos encontrados y creo que este ángel me dio una pista, la vida puede ser como suerte de montaña rusa que se apodera de tu rutinario camino, en la que a veces la fuerza del destino empieza a hacer piruetas contigo, pero tienes que agarrarte bien duro de la silla, gritar, sentir vértigos y vacíos, subir, bajar, disfrutar, llorar, pero siempre recordar que muy pronto se va a detener, ten paciencia, espera, ten fe, que pronto vas a respirar y a sonreír como siempre, para tomar tu camino y repasar tus huellas… o borrarlas y comenzar unas nuevas.
La esperanza es el sueño del hombre despierto.
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.
martes, agosto 18, 2009
Shhhh... (episodio para dejar la peluca)

Algunos amigos decidieron ponerle nombre a los tiernos (malparidos) hoyos, algunos en inglés, otros en español; “Izzie”, “Arthur”, “La maldición”, “El triángulo de las bermudas”, y de seguro otros que nunca me enteré… otros en tono de chiste me decían que me tapara con marcador, jejejeje. Algunas veces nada más me quedaba sonreir para no mentar madres, ya ni quería salir, me gustaba quedarme en casa para evitar incomodidades, pero por otro lado veía cada día como crecían los malpáridos. Y es que mientras más los escondían más se veían los desgraciados, y un gran día me armé de valor y dije: “No usaré más la gorra”, claro, hasta una psicóloga me ayudó diciéndome “eres más bello sin ella, anda quitátela, sé feliz…” claro nunca supe sé si era verdad o mentira, pero me lo hizo creer y salí levitando del diván.
Lo cierto es que después de esa firme decisión, tuve que enfrentar a una horda de críticos, burlistas, adivinadores, chismosos y curiosos de refinada trayectoria, que me decían: Ohhhhh!!! Uhhhhh!!!! Ahhhh!!! “Se te está cayendo el cabello”, “qué tristeza”, “qué dolor”, “qué sufrimiento”, “qué terrible”, “qué tragedia tan grave”. “Ay no mi niño no quiero verte más así…” Osea, la gente no entiende que cuando a uno se le cae el cabello, no es porque a uno le da la gana? ¡Qué viva la imprudencia carajooo! Pero, no se crean que la cosa quedó allí, hay más. Las exponentes más genuinas del género atolondrado, fueron dos ejemplares: una alumna - con voz chillona y una mezcla de cara de asco con pena ajena - que en plena clase, comiendo chicle con la boca abierta, me dijo: ¿Profesor que le pasó en la cabeza?, y largó una tímida sonrisa que apenas mostraba la comisura dental y la punta del chicle… yo dejé de escribir en el pizarrón, guardé la compostura aún ante el asombro de su descaro y le expliqué científicamente: “Es un tipo de caída del folículo piloso de patogenia no totalmente esclarecida, pero muy relacionada con situaciones de carga estresante, di media vuelta y seguí escribiendo”.
Semanas después, estaba en un evento muy importante, ya casi se me estaban borrando los hoyos, me quedaba uno en forma de triángulo, ya la gente ni se daba cuenta, pero allí apareció en escena: la mamá de las imprudentes. Esta vez con micrófono en mano y a viva voz, hizo una presentación muy especial destacando todos mis honores, mi carrera, en fin, puras virtudes, y yo inflado… hasta que dijo: “es tan vanguardista, que hasta se dibuja figuras geométricas en su cabello, un aplauso para él”. En ese momento sentí como morir y la sonrisa se me desdibujaba poco a poco. Si los ojos fueran dardos ya ella estuviera agujereada como un colador, me sentí como en un capítulo de Ally Mc Beal.
Hasta que al otro día, me rapé el cabello. Fue peor porque parecía Lex Lutor. Noooo, tiré la toalla. Si lo tengo corto, si lo tengo largo… buehhh. No pude complacer con beneplácito a este difícil público catador de buenas, lacias y abundantes cabelleras.
Luego de recorrer varios dermatólogos sin fortuna, llegué al consultorio apropiado, allí tuve que soportar el dolor de decenas (que parecían centenas o milésimas) de pinchazos en el cuero cabelludo, a los cuales yo trataba de aguantar pero a veces un “ay” se salía de vez en cuando. No fue fácil, ni mucho menos rápido, pero poco a poco fue mejorando, hasta que la naturaleza hizo renacer cada cabello a su lugar. Hoy sano, retrocedo el tiempo y una vez más me doy cuenta de que es muy difícil complacer a la gente y formar parte de una sociedad que simplemente, acepta, rechaza, critica, averigua y es imprudente. Nada pasa por casualidad, nada pasa sin dejar una enseñanza y de todo esto aprendí varias líneas, que quisiera compartir con ustedes.
Aprendí a disfrutar cada hebra de mi cabello.
Aprendí que nadie es inferior ni vulnerable por poseer algo diferente, pues lo único que importa es el interior, bien adentro; el alma, el espíritu, los pensamientos, los sentimientos. Y afortunadamente ellos, por más que duelan, nunca se pondrán calvos ni desaparecerán.
Aprendí que no es necesario perder tiempo rindiendo explicaciones a los demás, ni ocultar la realidad, pues debo ser más feliz conmigo mismo. Mi vida me pertenece y es mía, prestada, pero mía. Los demás sólo están demás. Por lo tanto soy yo quien debo amarme, aceptarme, mejorarme y superarme.
Aprendí a convertir amenazas en oportunidades.
Aprendí que la prudencia es la más santa y respetuosa de todas las virtudes.
A callar porque…
“Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y disipar la duda”.
jueves, marzo 05, 2009
ENTREVISTA / El Tiempo.

martes, diciembre 30, 2008
"Fui inspiración de Frutica Picada"

De verdad que tenía tiempo sin escribir, no era porque no me habían sucedido más de mis retorcidas aventuras, todo lo contrario. Ya que ha pasado el tiempo me atrevo a contarles algo que tenía escondido por evitar la burla colectiva de mis conocidos…
Hace unos meses vino el humorista colombiano Andrés López con su “Pelota de Letras”. Entre mis panas sólo se escuchaba eso: viene el tipo, es lo máximo, tienes que ir, no te lo pierdas, en fin la gente estaba muy alborotada. La publicidad me atacaba por todos lados. “No pegué un ojo en toda la noche”: ¡todo el mundo va menos yo!. De tanto y tanto casquillo, me decidí y compré las entradas VIP y en primera fila para ver al comediante latino más nombrado de estos tiempos. 500 Bsf cada una. Eran tres. Antes de pagar, casi me arrepiento… algo me decía: “Dejé así”, “De por Dios”. “No lo hagas mijo. Tápese del sereno y váyase pa´su casa”. Yo cerré los ojos, me sacudí, y le di la plata al cajero. “No hubo poder humano” que me convenciera. Las compré.
Andrés López me hizo reir y llorar de la risa cuando vi el “Blibililili”(según su padre DVD), por eso lo quería ver en vivo. Según las teorías de Andrés, yo formo parte de La Generación X: Su lema es Confunde y reinarás.; “Se caracteriza por su confusión de pensamiento, palabra, obra y profesión, tal vez porque es una generación de hijos del divorcio o, lo que es lo mismo, de los hippies soñadores de los años 60. Son los que están haciendo post grados, trabajando en multinacionales”, definitivamente ese soy yo, tengo todo eso junto.
En vista del dinerito gastado, me dije:¡Qué va! Voy a hacerle promoción a este logro que derribó mi acostumbrada tacañería. Hice una campaña mediática, lo publiqué en el facebook y en msn, me compré una percha de corbata y todo, para demostrar que realmente era todo un tipo VIP, me escapé del trabajo para ir relajado, y esa noche cuando voy llegando al hotel me ha dado un veri -veri (dícese en criollo del malestar más arrecho que le da a uno en el año). Linda Blair se quedó pendeja de la vomitadera que me dio, “bregué a hacer del cuerpo” pero por la boca; me volteaba pa´ un lado y pal otro, Zuasssss, zuassssss, ¡pásame una bolsa!, mi hermana parió bolsas y bolsas, las cuales yo llenaba de una especie de picadillo raro. Yo no sé si Andrés López venía detrás del carro y me pilló, pero estoy seguro que ese día le serví de inspiración para crear su show “Frutica picada”, pues eso era lo que parecía mi expulsión. Abrí la puerta, con el carro en marcha, y saqué la mitad del cuerpo bañando mi recién estrenada corbata (que tuve que botar), seguido, me dominó una tembladera con torcedera de boca, ya llevaba ocho bolsitas, estaba poseído como por un malayo hechizo regurgitador y fui directo a la clínica.
Allí me hice pasar por un ejecutivo que perdería el vuelo si no era atendido a tiempo, llegó la nefasta de la enfermera; con su traje blanco curtido, rascándose la zona pélvica con sus uñas color púrpura en combinación son sus labios aceitosos (de haber comido empanada fiadas en el kiosco e´ Rosa), para preguntarme mil vainas estúpidas dándoselas de sobrada, y yo le dije: inyécteme rápido por favor que debo irme en el próximo vuelo. Ella me dio su voluptuosa espalda en la que le caía un rulo sedosamente hidratado con aceite e´ coco. Y fue peor, porque se tardó más lo normal, me empezó a pasar el suero lentamente. Cuando se descuidó, yo agarré y le aumenté la velocidad para tratar de llegar aunque fuera a la mitad del show. La tipa se dio cuenta y me dijo: “Está terminantemente PROHIBIDO” tocar esto. Para completar me entraron ganas de llamar a mi madre y contarle todo, al final casi me dijo; “échese café”, apenas escuché tómese un limón y verá como le pasa, tu – tu - tu… le cerré porque toda vaina la quiere arreglar con medio limón. Deje asíiiiiiiii.
Pues nada. Al salir de la clínica me dio otra vez el síndrome de la frutica picada y semi-tullido y medio escalabrado tuve que quedarme en una cama, en la cual desperté al otro día con la boca agria y las entradas en la mano. Ese fatídico día no había sido revelado hasta hoy. A las decenas de personas que me preguntaron cómo me fue, ya saben que me fue muy mal.
Querido Andrés yo sé que no tienes la culpa, fue mi destino, pero si fuera de la generación AA te diría: “Multiplícate por cero”.
No creo que haya que lamentarse sobre el propio
destino, pero a veces es muy duro.
Svetlana Stalin (1926-?) Escritora
soviética
miércoles, noviembre 12, 2008
Ayúdanos Freud, o más bien aléjate!!!

Definitivamente, en algunos la locura está dormida, en otros despierta de vez en cuando, y en el resto está activa todo el tiempo. Mis compañeras de trabajo (medio paranoicas) han optado por tomarse unas pepas (píldoras) de aquietantes con la intención de que yo me las tome, tan bellas, jejejejeje, qué manera tan fármacoadicta de decirte “tranquilito papá”. Ultimamente me siento psiquiatra, ya identifico las patologías… es decir me doy cuenta rapidito de las taras de la gente. Muy cerca de mí he visto de todo, válgame Dios… a una joven cuando tiene el período menstrual se torna muda, sorda, llorona y adicta al chocolate, otra (ilusa) se enamora sola y pasa horas con el celular en la mano esperando el infortuno mensaje que sólo dice: ¡Hola!, otro (con trastornos de personalidad) cree que es un galán y rompe los espejos tan sólo de verse, otro (depresivo) se cree la peor miseria del mundo, y si lo miras mal, se lanza del balcón. Tengo una tía (hiponcondríaca) que presiente los dolores y vive todos los días metida en una farmacia, se conoce todas las medicinas y tratamientos, casi, casi es doctora. “Ay mijo me quiere dar algo, cómprame Parsel por si acaso es dolor de cabeza y Loperam por si es una evacuación líquida pertinaz (es que no quería decir diarrea, pero ya lo dije). Un pana siempre cree que lo van a robar o matar, y mira para todos lados a cada rato, cuando se baja del carro es prácticamente una odisea (ataque de pánico). Una conocida es la propia sabelotodo, apenas invento que anoche fui al cine y vi una película “x” , y ella salta (esquizofrénica) y dice: yo también la vi, sin siquiera existir tal film (alucina), ¡sabe de toda vaina!, ¡se mete en toda vaina!, ha hecho de todo, es polifacética; con tan sólo veintidos años dice que ha sido mesonera, periodista, locutora, mensajera, prostituta, esotérica, política, chofer, decoradora, peluquera, cocinera, traidora, amante, perra, gata, se inventa viajes imaginarios al exterior porque ni pasaporte tiene y se cree la tapa del frasco (delira) . Para rematar, en estos días me ha tocado trabajar con un viejo con una enfermedad que decidí definir, con el permiso de Freud, como “mitómano charlatán mojonero compulsivo in crescendo”. Lo peor es que ya no me aguanto que me vea cara de excusado. El tipo llegó diciendo que era un gurú del periodismo y yo: ¡wow voy a aprender de él!, pero resultó ser el propio estafador. Un día dijo que trabajó con una trasnacional que le hace la publicidad a Efe, al rato dijo que era Tío Rico, días después le dijo a un señor que su material lo mandaba a hacer solamente con la gente de Savoy y cuando se lo presenté a mi hermano le soltó una perlita: Yo sólo hago la publicidad con la gente de Nescafé, aquí fue donde caí en cuenta de que no sólo padece del síndrome de mentira fresca, sino que echa más cuento que los mismísimos hermanos Grimm (creadores de Blancanieves, Cenicienta y Hansel y Gretel). El tipo también me dijo que vivía en un penthouse con vista al mar, y lo pillé metiendo su ropa a un hotelucho de poca monta. Bien dice mi sabia madre que entre cielo y tierra no hay nada oculto. La mentira no trae nada bueno, te aleja de la verdad. Después de esta descarga de psicología turbia, ojalá todos nos descubramos y encontremos una vía hermosa para desahogar nuestra demencia. Esa locura que nos hace únicos, diferentes e irrepetibles. Piensa en voz alta, ríete solo, no le pares a nada, haz el ridículo, sé tú mismo, sé feliz, “come hormigas, come con las manos…" jejeje. Seguro después de esto, más de uno va a querer que me vaya a tumbar en un diván, pero no, todavía me falta mucho. Yo no estoy loco, lo que estoy es planetario.
Es cosa admirable que todos los grandes hombres tengan siempre alguna ventolera, algún granito de locura mezclado con su ciencia.
Molière (1622-1673) Comediografo francés.
miércoles, agosto 27, 2008
Desahogo

Confusiones navegan en el océano de mi memoria maltratando lo que fui, intentando adivinar lo que seré, si es que lo seré… Un nido se teje con hilos de seda gruesa y yo en medio. No veo.
¡Me ahogo, respiro, me escondo y aparezco!
Inciertos los caminos, encrucijadas me acechan, la mente golpea y golpea sin encontrar el grito de nadie y el murmullo de todos. No escucho.
¡Me lanzo, me detengo, me levanto y me caigo!
Es el temor de arriesgarlo y alterarlo todo, es descubrir que nada de lo que tenía era cierto, es contemplar que el mundo recorre a mi lado y no avanzo, es estar en el piso echado a la nada. No siento.
¡Me encuentro, me pierdo, me voy y me regreso!
Es ver como la arena se desliza entre mis dedos sin poder guardarme un poco, es querer tener un desierto entero que parece un espejismo cada vez más distante. Es todo, es nada, soy el rey, soy el esclavo, ¿Soy yo, o no soy yo?.
lunes, agosto 04, 2008
Un viaje de menudencias!!!
"El hombre no ha sabido organizar un mundo para sí mismo y es un extraño en el mundo que él mismo ha creado". Alexis Carrel (1873-1944) Biólogo y médico francés.

miércoles, julio 09, 2008
El operado

Pero la cosa no es como dicen algunos “no tan amigos míos” que suponen me verán como el más famoso pederasta (léase Michael Jackson) pues se trata de segunda una operación funcional para ampliar las fosas nasales (nombre científico: eliminación de sinequias, o en criollo: desvirgar los huecos). La estética la tengo desde el año pasado y no me da pena decirlo. Pero la gente es una vaina seria, son dignos de merecer el colmo de la indiscreción. Digo yo: ¿Será que en su casa no les enseñan a disimular? Yo recuerdo que mi abuela (dijera mi papá: Que Dios la tenga en su santa gloria) nos decía a mí y a mis hermanos: “cuando hablan los adultos usted no se meta, cuando vea algo raro hágase el loco” (casi compra un bosque y piérdete). Será que esta gente no tuvo abuela carajo? porque apenas me ven, lanzan aquella frase a toda voz y en pleno centro comercial: “Aaaaaaaaamigo qué bella te quedó esa narizzzzz”, “natural, genuina, auténtica…” y demás epítetos adulatorios que no soporto. Allí es cuando empiezan a revolverme la bilis y me dan ganas de echarle el producto final de mis glándulas saliváceas como crema para su cutis grasoso. Lo peor es que durante toda la conversación no me quitan los pupilas, retinas y corneas del mero centro de la mitad de mi cara como si tuviera una nariz biónica.
Eso es nada más el entremés, porque me imagino lo que vendrá cuando vaya a un evento social y me encuentre a los nefastos que nunca faltan. El año pasado en una cena de navidad. Un grupo muy selecto de periodistas me había guardado asiento, en su selecta mesa, pero resulta que el tema del chismorreo del selecto grupete donde me senté era las tetas de fulana, la lipo de sutana, y dije: Me voy de esta vaina antes de que vayan a empezar a preguntarme por la fucking nariz. ¡Como pude dejé la peluca!. Antes de que sus mordaces y afiladas lenguas me pusieran la etiqueta de “el operado”, pero si supieran que no se trata de un adorno, ni un simple respingue con cartílago en la punta, es que no podía respirar porque gracias a los genes de mi padre, y a un bendito mango verde que, en mis días de inocencia, cayó en la nariz cuando trataba de dormir en una hamaca y me fracturó el tabique. De allí le agarré fobia al mango verde y a todo los suspensorios que sirvan para echarse a descansar.
El trauma de esto es antes, durante y después. Antes por todos los exámenes preoperatorios, casi te piden el ejemplar de tu primer diente de leche, los rayos X, pruebas de cardio y pulmones. El neumonólogo (muy oficialista) me pidió que gritara “Chávez” a ver como estaba mi cavidad respiratoria, salí normal, me dijo, quizás no me motivé con el personaje. Tienes que hacer maletas para internarte, prepararte psicológica y emocionalmente a ser descuartizado por unas horas en la que quedas en el limbo anestésico. Previo a eso, creo que de todo lo que más me dolió fue algo que odio a muerte… “Hola mijo, cómo estás te vine a tomar la vía para pasarte el medicamento intravenoso”. En ese momento hice un flashback y recordé a mi hermana cuando tuvo una cesárea, yo estaba allí dándole mi apoyo, ella jugueteando con las enfermeras, súper de buen ánimo, hasta que le metieron la inyectadora en el dorso de su mano y soltó una sarta de improperios que yo pensé que jamás repetería, eran más de 10 groserías incoherentes una detrás de la otra que produjo mi carcajada instantánea y me prohibieron el paso a su habitación.
Pues sí, había llegado mi momento… entró la susodicha enfermera, una señora mayor como andina, de voz muy dulce, parecía muy educada y agradable, vestida de azul y un gorrito blanco, con una caja de aluminio muy brillante, cuando la abrió vi la rolo de aguja y me dijo: “Vine a tomarte la vía”, Yo sonreí, me repetía “tranquilo bobby, tranquilo”, respiré, recé, medité, esperando la puyazón… Mi madre (siempre de muy pocos amigos) la veía de reojo predispuesta a que le hicieran daño a su querubín, yo le eché una de mis miradas mortales como diciéndole “quédate quieta que yo soy grande”. Eso bastó para que medio se tranquilizara, pero no le quito la mirada a la señora.
Cuando me iba a enterrar la aguja de plástico (parecida a un pitillo removedor de café), la señora arreculó y se puso a decir que todo estaba en la voluntad de Dios, me habló de sus hijo mecánico y su hija mayor que no podía tener hijos, Lugo de una nieta que le salió brincona… Y yo ajá, ¿Pa` cuándo es la inyectada?, se detuvo y dije es el momento… Y la enfermera en cuestión echó la segunda arreculada: prosiguió hablando de que yo tenía que ser buen profesional, echó el cuento de su viudez y los 6 hombres que ha tenido después de la desaparición de su difunto marido. Y a todas estas, mi mamá enfurecida en el sofá. Yo riéndome (entre una mezcla de nervios y ganas de callarla), y al fin cuando se le agotaron los temas decidió mostrar la agujeta. Yo cerré los ojos y zuas! Ya entendí porque mi hermana dijo: Coñ., verg., nojoda, ping., qué arrecho, el co.. de la madre, etc, etc, etc… y yo quise ser más educado y creo que nada más respiré y dije AHHHHHH. Uffff!!!! Expresión que bastó para mi vigilante madre, saltara rauda de su asiento y se colocara justo detrás a la vieja que me destrozó la mano (como lo notan dejó de ser la dulce enfermera) a supervisar cada uno de sus movimientos.
Los nervios atacaron a la enfermera, empezó a balbucear y lo único que entendí fue que me dijo que yo tenía las venas “engrinchadas”, primera vez que me decían esa palabra, después me dijo que eran “engarruñadas”, por lo que la vieja “con la aguja adentro” empezó a girar para encontrar la vía sanguínea, por lo que mi dulce madre le dijo de todo, y en esos dimes y diretes yo apretaba todo lo que podía apretar, para no gritar. La vieja sacó la aguja y la volvió a meter con más rabia que antes hasta que parece que las venas se desengrincharon y desengarruñaron y encontró una que servía. Diossss que episodio.
De allí, me vistieron de azul, me colocaron gorro y zapatos desechables, jamás entendí porque me llevaban en sillas de ruedas al quirófano y al llegar me saludó la anestesióloga: Hola cómo estás? Y yo, siempre de ácido le dije: Cómo debería estar? Eso le bastó para que en menos de un minuto me pusiera a dormir. No recuerdo nada, cuando estaba despertando escuchaba voces y lo primero que vi, fue a mi progenitora peleando con la enfermera, jejejeje. Allí fue que me di cuenta de que si me reía me dolía la nariz.
Ya ha pasado más de una semana y a pesar de todo, estoy bien, según el doctor ha sido satisfactorio mi progreso, estoy de reposo total, “total”: no bajar la cara, prohibido actividades físicas, incluyendo “aquello”, hablar lo menos posible, entre otras. Todavía tengo bastante descanso, aunque estoy desesperado por ir a la oficina, dar clases en la universidad y hacer ejercicios, pero todo tiene su tiempo. Por lo pronto mil gracias por estar pendiente, por estar allí los que siempre han estado, por aparecer los que no sabía que existían, quienes con un emoticón, un mensaje de texto, un saludo de chat, una llamada, me han regalado unos días de silencio armoniosos, diferentes al bullicio y estrés en el que normalmente estoy sumergido.
Muchos amigos, conocidos y hasta desconocidos han estado pendientes de mí, otros no… mi familia y en especial mi hermana ha demostrado que profesa el verdadero sentido del correr de la misma sangre por la venas y tener el corazón latiendo al ritmo del mío; porque cargada de paciencia, detalles y cariño me ha ayudado a mejorar lo que a veces se ha convertido en dolor. Una vez más experimento que Dios no nos deja solos y nos pone ángeles en el camino para hacer más llevadera esta vida y las que sean.
lunes, junio 16, 2008
Feisbuk-adictus

La cuestión se presta para odiar a esa gente envidiosa que cuelga las fotos donde sales más feo o las imágenes viejas que quisiste desaparecer pero no pudiste. Definitivamente creo lo hacen con fines meramente morbosos y destructivos, con la fija intención de menguar tu autoestima; y es así como apareces con la boca abierta, los ojos cerrados, un afro o tomuza implacable que no detiene ni el mejor anti frizz, y no te queda más que decirte: Trágame tierra, y colocar un comentario diciendo: “jajajaja, que risa me da”, o más hipócrita aún; “qué hermosos esos días, recordar es vivir…” y por dentro: ¿De dónde *(/%$·W#@€ salió esa foto tan denigrante Model foquels?
¿Sitio socializador? Todo lo contrario, ya estoy que no quiero hablar con nadie, no quiero que me fastidien cuando ando con esta bendita manía. Estoy tan embelesado que siento que la gente no existe y nadie tiene rostro ni voz. No escucho, no veo, no siento… estoy atrapado, Auxilioooo!!!
Hay una parte que no entiendo. ¿Quién me lo explica? tus enemigos de toda la vida quieren ser tus amigos en Facebook, y en la calle te pasan por el lado y ni te miran, ni te saludan, pero te insisten tres y cuatro veces para ser tu amiguito. ¿Doble vida? ¿bipolaridad? Vayan al psicólogo infelices.
Cada mañana abro el correo y veo más de 60 mails diciendo; Mariela te envió un mensaje, Andrea te dio un toque (upaaaa, quiere candela), Raúl te dejó un video, Marlin te dejó un chocolate, Esteban comentó en tu foto… ¡Ay ya no más correos basura! digo al momento, pero al rato empiezo a ver hasta donde me llevan y así paso horas.
Lo que me tranquiliza un poco es que no estoy sólo en este enredo. Claudio Nazoa también anda perturbado. “Estoy traumatizado. Le tengo miedo a la computadora aunque esté apagada. En su pantalla, veo miles de amigos asomando sus cabecitas y sus manos, tratando de tocarme, rogándome que los acepte”. Yo tengo los mismos síntomas, me siento perseguido, acosado, por una horda de fans desconocidas que dicen conocerme y en mi desgraciadísima vida me las he topado.
Al pana Francisco Granados (el suertudo “Hugh Hefner venezolano”que aceita a las mamis de Urbe Bikini) le estoy haciendo la competencia dijo que quería tener un millón de amigos, yo me conformo con tener mil amigos y aprovechando el efecto de la reconversión monetaria (de Bs a Bsf) llego al millón fácil. Ahora me compré un Blackberry y ando más autómata, hiperkinético y fiebrúo que nunca. Al foso todo el que me hable cuando tenga esto en mis manos, es más; les advierto que no pierdan su tiempo. No me saluden, no me digan nada, les aseguro que por más que traten, no serán escuchados. Ignórenme mejor.
De todo esto lo que más anhelo y disfruto es seguir reencontrándome con mis amigos de la infancia y la juventud; esos que te hacen revivir la nostalgia de aquellos días y la inocencia de aventuras plenas de alegría. Amigos de siempre.
Ojalá se me pase rápido esta conducta tecnoestúpida para volver a ser yo y seguir dándome duro con mis crónicas de la vida misma.
Disculpen. Ya vuelvo, llegó un fun wall a mi muro.
martes, mayo 20, 2008
En taxi ando yo

Cada vez que se acerca el carro, trato de escudriñar el rostro del chofer, saco la mano y se detiene. Apenas abro la puerta del vehículo, veo sonrisas (con dientes, con plancha o sin ellos) caras serias, señores mayores, jóvenes y hasta mujeres de cualquier edad.
Anuncio mi parada y pregunto cuánto es? ¡Casi siempre abusan de la tarifa! y es allí cuando me convierto en ogro y lanzo la puerta sin mediar palabras... zas, y busco otro.
Una vez dentro del coche me transformo en psicólogo, político, sacerdote y desesperado. Me trastorna ensillarme en el puesto del copiloto porque a veces tengo que interactuar con una especie de copete o altar improvisado en algunas tapicerías provistas de una suerte de mantel artesanalmente elaborado con forro de peluche polvoriento y decolorado, sobre éste, una docena de perritos moviendo la cabeza acompañados por una manada de muñequitos de la cajita feliz. Hasta he sido víctima de terrorismo religioso al verme despavorido frente un ekeko (imagen esotérica de la abundancia, fecundidad y alegría con un cigarro en la boca), además de caracoles y figuras budú punzadas en el corazón.
El otro extremo
Un día, me tope con un conductor evangélico que me lanzó la Biblia en las manos y me dijo: “Hermano léame en voz alta Juan 13.8”. Y no pude hacer más que leer obligado, después Mateo 10.12, Lucas 5.7, Cartas a Tesalonicenses, Filipenses… y así me santifiqué hasta llegar a mi destino. Casi bajé hecho un Beato y en lugar de caminar estaba casi levitando hasta que dije una grosería y caí de golpe en el piso. ¡Plop!
Político de ambos bandos
Otro día, me encontré con un fanático del gobierno y me llamó Camarada. De fondo canciones de Alí Primera. Me preguntaba: ¿Verdad que mi presidente es lo mejor que ha pasado por aquí, Y yo: “Claro mi camarada, eso es verdad”, asintiendo la cabeza (como perro de taxi) y con cara de euforia. ¿Cuándo en la vida el pueblo había mandado como ahora?
Al día siguiente, me tocó un opositor del gobierno. De fondo (en repeat) el himno “Un Corazón que grita”. Me llamó Compañero. Me pregunta: ¿Verdad que este presidente no ha hecho nada por el pueblo? Y yo: “Claro mi compañero, eso es verdad”, asintiendo la cabeza (como perro de taxi) y con cara de desamparo. ¿Cuándo en la vida al pueblo lo habían ignorado como ahora? ¡Qué hipócrita he sido! Debo confesarme urgente…
Dr. Corazón…
Me echan los cuentos de los cuernos que montan y me enseñan fotos de sus adulteras y adulteradas… He llegado tan lejos que una vez un chofer me dijo: Amigo dígale a mi esposa dónde ando, que ella no me creé, me pasó el celular y tuve que decirle la calle, vía y avenida a la enfurecida cónyuge, que por su tono de voz imagino que borboritaba espumas por la boca al mejor estilo de "El Exorcista". Al rato me dijo que hiciera lo mismo con otra tipa… Ese era un desmedido y sinvergüenza machista. ¿Ojalá las mujeres le preguntaran su ubicación para montarle cuernos a él?
Porno psicópatas
Los más insoportables son los que narran sus aventuras abigarradas, sádicas y perversas con lujos, detalles y artilugios, recomiendan marca de pastillas afrodisíacas y lubricantes (sin pudor alguno). Y qué decir de aquellos conductores misteriosos que ni gesticulan pero te miran de reojo cada dos minutos como si fueran ladrones a punto de asaltarte, más bien provocando que el pasajero quiera lanzarse del carro en marcha.
He escuchado los vocabularios más impúdicos, los insultos más chocarreros, los chistes más paupérrimos, las filosofías más incoherentes… Por eso cada vez que entro en un taxi me convierto en un personaje desconocido dispuesto a vivir un nuevo periplo.
Actitud premonitoria
La última estrategia que estoy aplicando es sentarme, abrocharme el cinturón y cerrar los ojos como si estuviera dormido para que no despierten mi oprobio con sus submundos retorcidos. Desde hace algunos días prefiero inmutarme y parecer un ser amargado con problemas auditivos, que de paso, padece de mal humor crónico.
No podría ser tan insensato y dejar de reconocer que también he encontrado buenas personas (muy inteligentes) y hasta viejos amigos - hoy profesionales del volante - quienes han hecho que mi viaje sea más ameno, tranquilo y pueda llegar a mi destino rápido, sano y salvo.
Y hablando como los locos, no me he atrevido, ni he pensado siquiera subirme a un mototaxi, ¡sería una aventura extrema!. Antes de eso prefiero bajar el Niágara en bicicleta.
Quiero mi carro ya!!!




